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domingo, 7 de abril de 2013

Muñeca De Porcelana

Muñeca de porcelana
Muñeca de Porcelana, cortesía de:  Karlagarf

              Una muñeca de porcelana se encontraba sola en aquel rincón de una habitación al parecer abandonada, sus lágrimas se asomaban como un dulce saludo hacia sus mejillas sonrojadas. Su largo cabello bailaba al ritmo de la brisa que por la ventana entraba, se podía ver el cielo oscuro, las estrellas se habían escapado solo le acompañaba la misteriosa luna, menguante como una sonrisa torcida.

                La sombra de su primer amor allí se encontraba, su cuerpo débil ante la soledad de un mundo tan efímero y desconocido ante sus ojos brillosos. Intento abrazar la sombra de quien la había lastimado, pero allí realmente no estaba. Su piel marcada por las huellas de un pasado que nunca podría ser presente, ni si quiera un futuro cercano.

                Triste muñeca de porcelana, abandonada, sus manos acariciaban el recuerdo latente de su imaginación allí, el realmente no estaba. Su corazón de cerámica no se sincronizaba con el pasar del tiempo, tan lento, tan doloroso como las agujas que se clavan en medio de un corazón destrozado.

                Ya ella, no quería ser, una muñeca de porcelana, sus lágrimas se habían vaciado. Ya sus mejillas no se encontraban mojadas. Una sonrisa recorrió sus largos y delineados labios. Su cuerpo comenzó a danzar al ritmo de la música que en su mente estaba, -Baila muñeca de porcelana, baila- Ella escucho en la lejanía mis palabras.

                Sus curvas hacían tambalear la tristeza, ella se iba asustada. Sus manos curveaban el aire con tal belleza que sus piel brillaba, ya ella no era de porcelana.

                -Baila muñeca de porcelana, Baila- Repetí en la distancia.

                Ella sonrió y su vientre danzaba,  su voz había despertado, ahora ella cantaba, no pudo mirar como la sombra de quien la amaba ya no se encontraba, su brillo le había desvanecido…

-Querida, muñeca de porcelana…- 

jueves, 11 de octubre de 2012

El Maldito Cuervo

El Maldito Cuervo.

Hace mucho tiempo atrás, cuando las ciudades eran pueblos, cuando los ancianos que hoy miras con desprecio, aun no existían, mi alma vagaba por todos los horizontes, en búsqueda de una dama que ame, para poder vivir nuevamente. Para poder respirar y sentir el amor, el miedo, las caricias de una mujer, el sufrimiento, y las penas que el mundo nos regala.

Yo era un cuervo, tan negro y áspero como la propia muerte.  Y es que eso era, ni siquiera podía llorar la soledad infinita que entre mis alas se encontraban batiendo desesperadamente en búsqueda de un nuevo lugar hacia donde volar. Era una maldición, y entre mi mente tantas historias podía encontrar y luchar con no poder escribirlas en los andrajosos pergaminos que los humanos podían utilizar, un cuervo maligno de la maldita oscuridad.

Había una dulce mujer, sus pechos tan redondos como lunas llenas, tan juntos que el deseo se asomaba entre su apretado corsé, sus curvas marcadas por esa cintura que mis ojos podían deleitar como un simple fantasmas que se encontraba en aquel macabro lugar. Sus mejillas coloradas, tan rosadas como las flores que se encuentran en la más hermosa primavera, y sus labios, carnosos como la pulpa de una manzana roja…

Pero mis alas, no podían llegar hacia ella, yo era un simple cuervo, un demonio del inframundo, un espectro que nunca iba a ser humano. Maldita soledad...

-¡Fuera, fuera, fuera!- Aquella mujer tan hermosa finalmente se fijo en el demonio que en su ventana victoriana se encontraba, tan solo y desolado mortalmente por la belleza que ella irradiaba entre su cuerpo tan perfecto y pulcro ante aquellas paredes de piedra rustica, pero no le importo, mis alas, destruidas por el dolor de aquellas simples palabras, retomaron el vuelo, y mis ojos no podían llorar, no podían sentir, pero mi corazón tan vivo como la propia muerte cazando a su víctima en las praderas de la felicidad, para arrebatar consigo el elixir de la vida.

Solo buscaba amar y sentir, pero era un sueño nunca hecho realidad, mis alas solo buscaron la lejanía de las letras, el destruir de los sueños. ¿Por qué no podía ser como ellos? ¿Por qué tenía que ser un demonio hecho cuervo?...

Con el pasar de los años su piel se fue haciendo gris, como un antiguo papiro, pero entre los ojos de aquella dama aun se encontraba la belleza de su alma, esa que yo amaba en soledad, le veía sonreír, y la veía dibujar entre pequeñas sonrisas, muchas veces pensé ella me miraba, pero creo que solo fue el reflejo de sentir que ella me quería.

Finalmente su corazón dejo de latir, su cuerpo mortal había muerto, mis alas salieron hacia su cuerpo muerto, y entre en aquella habitación, por la ventana donde solía espiar a mi dulce amada. Y logre ver sus dibujos, eran de un cuervo, entre hermosos valles y flores que sus nombres yo no podía conocer, alguien entro de forma abrupta a la recamara, y me miro espantada, no logre ver quién era, pero sentí el dolor de un cuadro que cayó en mi cuerpo…

Desperté con unos suaves labios en mi boca, y una hermosa sonrisa joven, era ella y estábamos juntos, y yo era humano, en la misma pradera donde ella me había dibujado…
"En honor a Edgar Allan Poe
y su poema  (El Cuervo) 
Mi escritor favorito."
Hector Durr

sábado, 29 de septiembre de 2012

La Dama De Mármol

La Metamorfosis del Vampiro. Charles Baudelaire.
La Metamorfosis del Vampiro., Fotografía cortesía de: Laura Leguizamon

     Su cuerpo inerte yacía sobre la superficie del mármol frió  sus piernas estaban cruzadas, su piel blanca se había hecho pálida, incluso brillante ante la penumbra y la oscuridad de aquella mansión donde tantas almas habían disfrutado de los placeres banales de las grandes fiestas pagadas por la alta sociedad, esa que el dinero no falta, y se puede desparramar por el suelo como si agua limpia fuese. 

              Sus ojos inexpresivos, tan azules y a la vez tan vacíos de calidad humana, su nariz tan característica de aquellas mujeres operadas, puntiaguda y notablemente sobrenatural.  Sus senos, redondos y perfectamente atractivos se encontraban con un halo de luz que por la gran ventana victoriana entraba. Su silueta torcida ante la penuria, daba tal elegancia, que nadie sintió temor en acercarse al cuerpo, su belleza estaba tan nítida ante la irremediable muerte de aquella dama. 

                Nadie miro los suaves y limpios cortes que en sus muñecas profesaban, su alma estaba rota, aunque nadie lo imaginara. La sangre estaba tirada, como lagos de hojas muertas, color carmesí con toques de vino tintó añejado. Un grito se escucho en la distancia, era la empleada. No lloro por su muerte, sino por la rápida perdida de su trabajo. 

                Aquella dama de mármol, se había suicidado. Sus lujosos vestidos ya importancia poco tenían, aunque muy aclamados eran en todas aquellas famosas cadenas de tiendas que ella misma había fundado. Se hizo una dama, pero olvido que ella siempre fue una mujer que fue creada del barro, y nunca del mármol. 

                Aquella noche se dio cuenta de lo sola que se encontraba, recordó aquel antiguo amor que de joven ella tenía, le había olvidado, le cambio por una casa de modas.  Triste ella se sentía, porque nadie le amaba, ni siquiera su madre a quien ella nunca más llamaba, ocupada decía cada vez que su anciana madre desesperadamente buscaba a su niña.

               Se escucho otro grito en la lejanía, era su mejor amiga, su ayudante. La heredera de todo el imperio de modas. Pobre mujer, tan vacía como  la muñeca que ahora tirada en el mármol estaba. La dama de mármol, tomo un navaja, y lentamente corto sus venas, ella no era amada…  

          -Oh dama de mármol. Nunca te pudiste darte cuenta que tu misma te amabas… 

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